
“El último fuego”
El último fuego, es la obra Alemana, creada por Dea Loher y dirigida por Luis Ureta, que está exhibida desde el ocho de abril al ocho de mayo en la sala Jorge Díaz de la Universidad Finis Terrae, con un gran elenco y una despampanante escenografía, deja atónito a cualquiera. Es un trabajo que a nivel mundial ha sido reconocido y premiado por grandes exponentes del teatro.
Con la trágica muerte de un niño de ocho años en manos de un policía, que intentaba capturar a un presunto terrorista, se da inicio a la obra “El último fuego”, La escenografía, reúne a varios personajes, cuyas historias se enlazan, formando así a nivel colectivo e individual, una profunda reflexión ética de aspectos tan relevantes en la vida de un ser humano, como son la responsabilidad y la culpa. Creando una obra actual, sin tabús ni miedos, debido a que se enfrenta a la realidad, es contingente, moderna y lo más importante, reflexiva. Los personajes son los papás y la abuela del niño, esta última sufre de Alzheimer, un hombre que juega lotería con el propósito de perder, una ex profesora de música y otra de arte, que le tuvieron que amputar los pechos al detectarle cáncer mamario. También está presente un drogadicto, que se siente culpable para siempre por la muerte del niño, y su pareja homosexual que intenta apaciguarlo.
La historia, dura un poco más de dos horas y transcurre en un salón de clases, donde los personajes interactúan y dan a conocer lo que cada uno hace. Pese a que es la misma escenografía, el espectador la puede interpretar de muchas maneras, cambia el sentido y lo que los actores intentan exponer, es de fácil entendimiento del público, receptor. Si bien es una sola escenografía, y muy ínfima, son muy bien utilizados, de esta forma los actores tienen la función que el espectador nunca pierda su concentración. Es todo muy real, porque la trama de esta obra es muy complicado expresarla por medio de una puesta en escena. Los actores la saben aprovechar a la perfección, reutilizando todo. Como mencioné anteriormente, el público jamás pierde conexión con la creación de Dea Loher, esta vez dirigida por Luis Ureta, por el sólo hecho de la originalidad.En la obra existen personajes claves, tales como Rave Mayer y Olaf. El primero, que a pesar de ser un personaje bastante tranquilo, a medida que transcurre la historia, adquiere un sentimiento de culpabilidad por haber presenciado el accidente, tanto así, que llega a un punto extremo de limarse los dedos y alcanzar el hueso, con el fin de desintoxicarse. Por otra parte, el segundo que es un drogadicto, que asume ser el total responsable de la muerte del pequeño de ocho años, es bastante peculiar, su forma de ser distrae de tal forma al espectador, que lo tiende a confundir. De esta manera, no se logra hilar bien cuando sale a escena, debido a que lo hace de forma repentina e invasiva, su llegada, es anunciada con gritos, cambios de luces y efectos de sonido.
Es una obra excelentemente lograda, que permite el cuestionamiento y la existencia. Es tan compleja y capciosa que ahonda en cada uno de los personajes, muestra todas las realidades existentes ante un accidente de tal magnitud. Poniendo énfasis en el testigo introvertido, con ganas de explotar de la culpabilidad. Recomendada a un público consciente del mundo y sociedad en que vivimos.


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